viernes, 15 de enero de 2010

La verdad sobre la boludez

Era un tipo raro.
Tenía cara de boludo, actuaba como boludo, decía boludeces...bah, era un tremendo boludo.
Su cuerpo se había desarrollado demasiado rápido. Cuando caminaba parecía tropezarse con sus piernas. (Ni hablar cuando practicaba algún deporte, cuando sus piernas no coordinaban)
Era feo, las chicas lo mirabana y se reían de él.
Obviamente no era un tipo muy inteligente. Escribía mal, se expresaba mal... el pibe hacía todo mal.
Recuerdo que cuando nos juntabamos a jugar al fútbol lo llamabamos para divertirnos un rato (si eramos uns hijos de puta, pero eramos chicos, lo cual no justifica de ninguna manera semejante actitud, pero nos divertíamos sanamente) viéndolo patear la pelota a cualquier lado o cayéndose al errarle.
Un día, debe haber sido al principio del año, cuando las clases comenzaban. No lo vimos más. Había cambiado de colegio.
Quizás nuestro desprecio o nuestra burla lo habían lastimado.
Ese mismo año, cuando llegó la época de las fiestas de egresados, nos cruzamos con el "boludo". Para nuestro asombro, y nuestra envidia, lo vimos distinto. Tenía la misma cara, hablaba igual y seguía moviéndose como un boludo. Pero a pesar de todas esas cosas, algo había cambiado.
Cuando lo saludamos, nos miró y rápidamente volvió la vista para señalarnos con sus ojos (quizás lo único normal que tenía eran sus ojos) la chica que se acercaba. Un muchacha hermosa, creo que era morocha, una chica a la que nosotros no nos acercaríamos por considerarla fuera de nuestro nivel.
"Mi novia" dijo el boludo y sonrió. Nos quedamos en silencio intentando comprender semejante desequilibrio en las fuerzas de la naturaleza, o del mismísimo universo.
Esa noche la pasamos tomando, intentando habilitar con alcohol una parte de nuestro cerebro que pudiese comprender el por qué de esa situación.
"Cómo podía el boludo haber conseguido semejante mujer?" era la premisa que nos unía en nuestra ronda de perdedores alcohólicos.
Llegamos a una conclusión. A veces no importa si uno es un boludo. Basta tener un poco de chamullo, o un buen cuerpo, o un miembro sexual importante, o una billetera abultada.
Por eso, no despreciemos al boludo. Todo lo contrario. Hagamonos amigos de los boludos. Ahora que lo pienso, yo también estuve en una situación así, presentando a mi mujer y que los demás se quedaran en silencio.
Que hijos de puta...a mi también me consideraban un boludo....

No hay comentarios:

Publicar un comentario