Hace varios días que no puedo concentrarme.
Mis objetivos, desde mi más tierna adolescencia, estuvieron centrados en dos cosas: las mujeres y la escritura. El primero de ellos lo conseguí, me casé con la mujer más hermosa del mundo. Pasamos los días juntos, compartiendo, conversando, discutiendo...lo que un matrimonio hace comunmente.
El problema se centra en el segundo de mis objetivos. Si bien no me considero un escritor (para serlo uno debería tener publicada alguna obra, yo a lo máximo que llegue fue a imprimir -en una impresora de cinta- un cuento largo que escribí hace 12 años...)siempre escribí mis emociones. Esa actitud ante la vida me dio tanto satisfacciones como tristezas (centradas en falta de capacidad de comunicarme con las mismas palabras que utilizaba para escribir, como verán era lo que se dice un pelotudo adolescente). Pero no quiero desviarme del tema.
Durante esos años, los hermosos y dolorosos años de la escuela secundaria mi capacidad creativa, esa facilidad que un adolescente tiene para evadirse del mundo que odia, lo odia y que desea cambiar para obtener, en mi caso una mujer, estaba en su pico más alto. Escribía sin parar, a veces permanecía despierto noches enteras escribiendo. Muy pocas veces destruí, perdí u olvidé intencionalmente algo que había escrito.
Sin embargo, los años pasaron.
Pasé por etapas diversas, oscuras algunas, luminosas otras. Empecé terapia, dejé terapia. Escuché heavy metal, rock progresivo, música clásica, pop inglés, pop norteamericano (pero nunca escuché cumbia, eso lo puedo decir con orgullo). Probé drogas, dejé las drogas. Aumenté de peso hasta parecer un tonel (quizás debí aclarlo antes, en mi adolescencia era obeso), bajé casi 50 kilos en menos de un año...Ese momento, ese acto quirúrgico y definitivo, por el adelgazamiento, dio muerte a mi vida adolescente.
Pesando entre 75 y 80 kilos, mi vida social nació. Dejé de lado las palabras escritas, las ilusiones en el papel, para lanzarme al abordaje y descubrir mi capacidad de conquista. La marca que fomentaba el desprecio del sexo femenino había desaparecido. Era un hombre nuevo.
Para no extenderme demasiado en detalles, les diré que en un año viví mucho más que en veintitantos. Sufrí el engaño. Engañe. Me abandonaron y abandoné. Hasta que el 22 de septiembre de 2007 conocí a la que hoy es mi mujer...
Todas esas vivencias fueron dejando a un costado mi lado literario y hoy me cuesta cada vez más escribir. Comienzo o doy forma a ideas que me parecen geniales, para rápidamente dejarlas de lado o destruirlas.
Quizás todos seamos poetas, escritores, artistas hasta que encontramos el amor y cuando lo encontramos nos olvidamos de todo lo demás (creo que estas palabras las dijo alguien más, no lo sé).
Hoy en día paso mi tiempo intentando, junto a mi hermano, el Sr. Hongo (no hay aclaraciones al respecto, no insistan) idear un monólogo perfecto, una mezcla entre humor, sátira política y crítica social. A veces las ideas vienen, la mayor parte del tiempo huyen de mi mente. Sólo me quedan, guardados en una carpeta gris y en la memoría de un disco extraíble, algunas poesías y un par de cuentos tristes que hoy, tan feliz como soy, no podría escribir.
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