sábado, 27 de febrero de 2010

Patriotismo o pelotudez argentina?

El patriotismo es un sentimiento, una defensa de lo nacional, de lo propio. En casi todos los países serios, o por lo menos aquellos que no son la Argentina, el patriotismo implica una identificación con el país, con la Nacion o con Clarín, o en el peor de los casos con el Cronista o Ámbito Financiero.
El caso de los argentinos es un caso particular, digno de ser estudiado y medicado. Los argentinos, entre los cuales me incluyo (y no lo hago por simples cuestiones de nacimiento, sino porque me siento argentino con todo lo que ello implica y condena), tenemos una idea del patriotismo muy difusa, incoherente y, porque no decirlo, patológica. No obstante ese pseudo-patriotismo (me han dicho que utilizar palabras extrañas o difíciles de escribir eleva el nivel intelectual de un escrito, razón por la cual aplico este término) tan argentino como el dulce de leche, el colectivo, la birome y las botineras, no es algo moderno. Sus raíces pueden rastrearse hasta los mismos cimientos de nuestro país.
Desde los tiempos de la Revolución de Mayo (no confundir con la Revolución Mayonaise realizada en algún lugar de Europa por Lord Helmanns) el sentimiento patriótico presento algunos síntomas que hoy en día consideraríamos esquizofrénicos. Muchos patriotas, o para ser más exactos, aquellos que hicieron una diferencia económica con la Independencia (siempre a su favor y no a favor de la Nación que supuestamente defendían, decían ser parte y que muy rápidamente olvidaron e intentaron borrar como símbolo de la “barbarie”) no dudaron en ofrecer como moneda de cambio para la obtención de beneficios económicos el territorio que habían logrado independizar (sin derramar una gota de sudor y mucho menos de sangre) de España, y todo en aras del “patriotismo”.
Sin irnos tan atrás, podemos recordar la facilidad de varios gobiernos que utilizando términos “patrióticos” lograron convencer a la población con frases del siguiente calibre: SALARIAZO Y REVOLUCIÓN PRODUCTIVA, UN PESO UN DÓLAR, SE VA A TERMINAR CON LA FIESTA DE POCOS, UN PAÍS EN SERIO, VOTAME VOTATE, VA A ESTAR BUENO BUENOS AIRES, y otras cosas que no recuerdo ni quiero recordar.
Pero el patriotismo simplista, amorfo y sin sentido no se acaba en cuestiones políticas, en realidad ni siquiera empieza en ellas. Nuestro país es patriota cuando cree tener o tiene posibilidades de obtener algún beneficio. Es decir, somos ARGENTINOS cuando ganamos un Mundial, o la medalla de oro en los Juegos Olímpicos, o cuando una película que dirige un argentino gana el Oscar.
En síntesis somos un pelotudos, que sólo recordamos que somos argentinos cuando nos conviene y si pudiéramos cambiaríamos de nacionalidad según nuestra conveniencia. Ese debería ser nuestro escudo nacional: SOY ARGENTINO, HASTA QUE ENCUENTRE UNA MEJOR OPCIÓN.

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